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Me fui al pueblo dos días después de la graduación no sin antes hacerle nuevamente el amor a Isabel de madrugada con toda la carga de emoción del mundo al saber que tal vez era la última vez. Llevé, no obstante, muchas hojas de vida a varias compañías. Nada sucedió, pero como a los tres meses de esperas y de entrevistas fallidas me fui a trabajar a otra ciudad más pequeña gracias a la recomendación muy buena que hizo un profesor que me tenía aprecio. La ciudad estaba como a cinco horas en autobús de allí. Empecé así muy emocionado mi primer empleo en una pequeña compañía nueva que se había instalado y me fue muy bien. Inicié otra etapa en mi vida que por fortuna me alejó bastante de mi tía. Sin embargo mantenía comunicación con ella a través de correos electrónicos semanales. Solo nos mandábamos saludos como para saber que ambos estábamos bien. Nos daba miedo decir cosas más allá que pudieran revolver el avispero. escorts madrid escorts valencia turk porno live sex cam porno klipove webcam sexo lesbianas videos hentai Pero las ausencias duraron solo seis meses, porque durante una capacitación de dos días que tuve que hacer en la compañía justo en la ciudad en la que vive mi tía, no me aguanté la tentación y la llamé para invitarla a cenar. Pensé que no iba a aceptar, pero no solo se alegró y emocionó al escucharme, sino que se presentó bien arreglada y hermosa al hotel en el que me hospedaba con dos compañeros más. Estos hasta hicieron comentarios algo obscenos de mal gusto cuando la vieron llegar con un vestido azul algo corto y bastante escotado en el que lucía sus senos grandes, pues nunca supieron que se trataba de una tía mía hasta después que les comenté y se sintieron tan avergonzados que me pidieron disculpas sin sospechar nunca ni por asomo la relación amorosa que existía entre ella y yo. Me senté entonces con ella aparte, en otra mesa mientras comíamos y nos vomitamos otra vez el deseo de estar juntos. No tuvimos que discutirlo mucho. Simplemente como si ya lo hubiéramos acordado, nos fuimos en taxi a un motel a las afuera de la ciudad que ella misma escogió y nos fulminamos en una alcoba grande que tenía una cama ancha de colchón de agua y en sus paredes varios espejos. Ahora la encontré más delgada. Caímos otra vez en los deseos impropios. Ya yo no era un niño, ya tenía veinte cumplidos y era independiente. Ella me trataba ya como un hombre y no tanto como su sobrino consentido. Después de hacer varias veces el amor y con el cansancio encima, nos quedamos desnudos y en silencio como un a hora. Yo le sobaba los senos y ella gimoteaba y me besaba. Solo al ver que eran casi las diez de la noche la hizo reaccionar al acordarse de su hijo que seguramente estaría esperándola en ya preocupado en el apartamentote de Marta la vecina. Llamó para tranquilizarse y disculparse y entonces con esas ganas de querer dormir juntos nos despedimos y sin necesidad de hablar sabíamos que hacernos el amor sería cuestión de que alguno de los dos así lo decidiera. De hecho han pasado años así y no lo hemos podido dejar, puesto que alguno de los dos siempre termina buscando al otro para culminar en una cama. Han transcurrido siete largos años desde que todo esto sucedió y a pesar de cientos de promesas y puntos finales, no lo hemos podido superar. Ahora tengo una novia en la ciudad en la que vivo. Me siento muy contento con ella y la relación es normal y bastante sólida. Estoy con ella hace mas de un año y medio y no me quejo hasta ahora de mi pareja, pero sigo con ese punto oscuro en mi vida. Sigo pensando en mi tía Isabel, sigo deseándola aunque el tiempo y la distancia han podido apaciguar eso un poco, pero eso no quiere decir que ya lo hayamos superado. Tal vez cuando ella esté mas vieja y menos atractiva lo logre hacer, pero de momento es muy difícil. Ella tiene ahora cuarenta y un años cumplidos y ya pinta algunas canas en sus cabellos largos, pero sigue siendo bella y exuberante para mi gusto. Tiene un compañero hace un año y convive con él, pero los correos que nos enviamos siguen siendo muy dicientes. La última vez que hicimos el amor fue hace tres meses. Yo pasé por su apartamento a visitarla tras venir de regresar del pueblo donde viven mis padres. Al llegar la hallé sola como a las cinco y media de la tarde. Ella acababa de llegar del trabajo y mi primo Manuel, ya mayorcito había salido por el barrio. Su ahora marido no llegaba hasta las siete, así que no perdimos tiempo y allí en la cocina sin desnudarnos mucho, como para estar preparados y no ser sorprendidos, lo hicimos despacio. Se arrodilló resuelta y ansiosa, me sacó mi miembro y lo metió en su boca de un solo tajo como si fuera el último pene del mundo. Lo mamo suavemente y cuando estuvo bien tieso se levantó urgida. Se sentó en el mesón con las piernas abiertas y sin quitarse la falda. El calzón cayó al suelo y yo orienté mi pene hacia su vulva hirviente. No alcanzaba a meterlo porque estaba muy alto, así que tomé un libro gordo de una enciclopedia que estaba abierto en la mesa de comedor, lo cerré y descalzo me subí en el. Quedé a la altura perfecta. Su vulva ahora estaba afeitada, a gusto de su actual marido, como me explicó y la verdad me resultó atractiva así. Se sacó sus pechos tras desbrochar los tres primeros botones de su camisa y desacomodar sus sostenes de gran talla. Me ofreció ese par de pechos tan jugosos que nunca he dejado de extrañar para que se los mamara mientras mi pene arremetía dentro en su vagina deliciosamente. Estaba tan excitada que en menos de lo normal experimentó un orgasmo intenso que ahogo en un gemido profundo obligándome a quedarme quieto. Me abrazó fuertemente con brazos por el cuello y con sus piernas alrededor de mis caderas como tenazas. Luego de unos minutos pude terminar y continuar embistiéndola a pesar de su sensibilidad en su irritada vagina, pero aguantó un poco para que yo tuviera el orgasmo. Esta vez no le consulté. Simplemente saqué mi miembro al sentir el placer de la eyaculación inevitable y vomité todo el semen del mundo fuera ensuciándole un poco su falda, sus muslos y parte de su vulva. Tomamos aire sonriéndonos allí abrazados y besándonos con ternura por haber tenido placer después de tanto tiempo y luego ella se fue al baño a limpiarse. Nos despedimos con un beso desesperado en la puerta del apartamento. Me marché no si antes encontrarme con mi primo abajo en la puerta del edificio. Estaba ya bastante crecido y le ofrecí pasarse unos días en mi casa. No he vuelto a ver a mi tía desde esa vez, pero le he escrito manifestando lo mucho que la quiero y que la deseo. Ella igual me corresponde y me expresa lo mucho que me desea y que solo espera una oportunidad para hacer el amor. Ahora somos amantes infieles a nuestras parejas. No es algo de lo que me sienta orgulloso y de veras desearía que no fuera así, pero una cosa es decirlo y otra muy distinta llevarlo a la realidad. De nuestras compañías actuales no nos hablamos mucho por simple tacto y respeto. Ella evita al máximo tocar el tema de mi novia a quien apenas si conoce y con la que ha cruzado algunas palabras, e igual yo no le hago muchas preguntas sobre su compañero con quien apenas he hablado por teléfono y he visto en alguna que otra reunión familiar. Nos conformamos con saber que estamos bien en ese sentido. Ambos, muy en el fondo, sabemos que volver a hacer el amor será cuestión de esperar a que las circunstancias se den.


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